Estudio de la Universidad de Chile evidencia brechas socioeconómicas en la detección temprana del cáncer de mama. La investigación evidencia que el acceso a la mamografía sigue marcado por el nivel educativo, el ingreso y la situación laboral de las mujeres en nuestro país.

La posición socioeconómica de las mujeres en Chile influye en el uso de herramientas de detección precoz de cáncer de mama: el nivel educativo, el ingreso del hogar y la situación laboral generan brechas significativas en el acceso a mamografías, según revela una investigación de la Universidad de Chile publicada en la revista Preventive Medicine Reports, que analizó la relación entre la posición socioeconómica y el uso de este examen en mujeres chilenas.

La conclusión central del estudio “Posición socioeconómica y uso de programas de detección precoz del cáncer de mama en Chile: Un estudio poblacional”, que cuenta con la autoría de correspondencia de la Dra. María Luisa Garmendia, académica del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, y de Camilo Guerrero Nancuante, estudiante del Doctorado en Salud Pública de la Universidad de Chile, analiza cómo diversos indicadores sociales afectan la frecuencia de la toma de estos exámenes mamográficos.

Un dato relevante del estudio muestra que las mujeres de menores ingresos usan significativamente menos la mamografía, incluso cuando el examen es gratuito en la atención primaria en Chile. “Los autores plantean que una proporción importante de mujeres podría desconocer que el examen está financiado públicamente, y que las mujeres de mayor ingreso tienen más probabilidad de pagar por el examen en servicios privados”, indica la publicación.

Esto se podría explicar, indican los autores, porque “en primer lugar, las acciones preventivas en salud son complejas de ejecutar en mujeres altamente precarizadas, quienes asumen simultáneamente jornadas de trabajo remunerado y de cuidado no remunerado en sus hogares, lo que reduce drásticamente el tiempo disponible para asistir a controles de salud. En segundo lugar, existe una percepción extendida de que el sistema público de salud es de baja calidad, lo que podría llevar a parte de la población a postergar la atención antes que acudir a servicios que perciben como deficientes. A esto se sumarían barreras geográficas, dificultades de transporte y la falta de redes de apoyo para el cuidado de hijos o personas dependientes, lo que podría impactar en la realización de este examen”.

Las cifras que preocupan

Si bien el estudio establece que la cobertura general de mamografía en el grupo evaluado fue del 66,9%, cifra se acerca a los estándares internacionales, el análisis detallado revela marcadas disparidades según el perfil socioeconómico de las mujeres.

La investigación arroja que “tres indicadores de posición socioeconómica mostraron asociación significativa con el no uso de mamografía. Las mujeres con nivel educativo básico o inferior presentaron una probabilidad 20% mayor de no realizarse el examen respecto a quienes tenían educación terciaria. El efecto del ingreso fue aún más pronunciado: las mujeres del quintil de menor ingreso (menos de 140 mil pesos mensuales) mostraron una prevalencia de no uso 49% superior a quienes pertenecían al quintil más alto (más de 192 mil pesos mensuales), con un gradiente estadísticamente significativo en todos los quintiles”.

“En cuanto al tipo de ocupación, las mujeres desempleadas presentaron una prevalencia de no uso un 34% mayor respecto a directivas y profesionales, mientras que las trabajadoras de servicios y comercio mostraron una brecha del 21%. Los autores señalan que estas disparidades se concentran en mujeres con empleo precario o sin remuneración, quienes enfrentan barreras estructurales para acceder a la atención de salud, como extensas jornadas laborales y limitada cobertura de seguridad social”.

¿Cómo disminuir esta brecha?

Los autores concluyen que “el sistema de salud público debería avanzar en varias direcciones. Por una parte, profundizar en el conocimiento de los motivos concretos del no uso de mamografías, ya que nuestro estudio entrega algunas luces sobre factores socioeconómicos, pero se requieren otras investigaciones que capturen las perspectivas de las propias mujeres. Por otro lado, desarrollar estrategias territorialmente situadas, ya que la realidad de Santiago es distinta a la de territorios en el norte o el sur del país. Entender las limitaciones y complejidades locales es un paso previo indispensable para diseñar intervenciones que permitan aumentar el uso de mamografía en poblaciones desventajadas socioeconómicamente”.

“Finalmente, el sistema debería avanzar, como se lleva a cabo actualmente en varias comunas del país, hacia modelos de atención más flexibles, con horarios extendidos, mamografías móviles y eliminación de barreras administrativas que hoy podrían desincentivar el uso de mamografías en atención primaria de salud (APS)”, plantearon los científicos.

La investigación buscaba evaluar cómo la posición socioeconómica medida de forma multidimensional influye en el uso de pruebas periódicas de cáncer de mama en mujeres de 50 a 69 años, rango etario definido por las guías clínicas como el grupo prioritario para el control sistemático, y se realizó un análisis epidemiológico de base poblacional utilizando los datos de la Encuesta Nacional de Caracterización Socioeconómica (CASEN) 2022, desarrollada por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia de Chile. La muestra analítica final incluyó a 26.337 mujeres pertenecientes al grupo objetivo de tamizaje a nivel nacional, distribuidas en 760 unidades comuna-área.

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