Dr. Alexis Rojo, presidente de la Asociación Chilena de Enfermedades Vasculares Encefálicas; Dr. Rodrigo Guerrero, director de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía.
Una de cada cuatro personas mayores de 25 años sufrirá un ataque cerebrovascular (ACV) a lo largo de su vida, según la World Stroke Organization (WSO). En nuestro país ocurre uno cada 15 minutos y se registran cerca de 40 mil casos al año, lo que sitúa esta enfermedad entre las principales causas de muerte y de discapacidad adquirida del país.
Con estos datos como punto de partida, desde la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía (Sonepsyn) y la Asociación Chilena de Enfermedades Vasculares Encefálicas (ACEVE) ponemos el acento de este Mes del ACV en la prevención, que se construye durante años con el control de la presión arterial y la actividad física, y en la reacción rápida ante los primeros síntomas, cuando cada minuto cuenta.
La WSO estima que hasta el 90% de los ACV se asocia a un grupo acotado de factores de riesgo modificables y que más de la mitad está vinculada a la hipertensión arterial, una condición que suele avanzar sin síntomas.
En Chile su tratamiento está garantizado por el GES y, aun así, solo el 34% de las personas con hipertensión la mantiene bajo control, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2023.
Pero, además, el Mes del ACV coincide este año con un hito internacional en el que Chile tuvo un papel directo. En mayo, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó la primera resolución dedicada al ACV, promovida por Chile junto a otros cinco países, que insta a los Estados a reforzar la prevención, la atención de urgencia y la rehabilitación.
Ese compromiso nos obliga ahora a cumplir en casa lo que se promovió afuera, empezando por algo tan básico como lograr que la población reconozca un ACV cuando ocurre, considerando que -como dijimos- cada año afecta a cerca de 40.000 personas.
El tiempo que transcurre entre los primeros síntomas y la llegada a una urgencia es determinante para salvar vidas y evitar secuelas.
Cada minuto de demora implica la pérdida de millones de neuronas y aumenta el riesgo de una discapacidad permanente.
La primera línea de atención está, entonces, en la ciudadanía.
Quien sufre un ACV muchas veces queda imposibilitado de pedir ayuda y depende de que su familia, sus compañeros de trabajo o un desconocido en la calle, que reconozcan la pérdida de fuerza en un brazo, una pierna o ambos, la parálisis de un lado de la cara o la dificultad para hablar.
Ante cualquiera de ellos, la indicación es llamar de inmediato al 131 (SAMU) o acudir a un servicio de urgencia, una reacción que muchas veces depende de quién esté atento a estos signos.
El Mes del ACV es una campaña que cada año, durante todo octubre, tiene como objetivo entregar información a la población basada en evidencia científica, de forma clara y cercana, que le permita reconocer los síntomas y actuar con rapidez.
El compromiso que Chile asumió ante la OMS se medirá, finalmente, por la reducción de casos, la cantidad de personas que logren llegar a tiempo a una urgencia y el acceso a la rehabilitación oportuna.
Y no olvide que media hora de ejercicio, cinco veces por semana, puede reducir en 25% el riesgo de ACV, y subir 50 peldaños al día se asocia a un menor riesgo cardiovascular.




