CEEAG del Ejército por Escudo de las Américas: “Un intento de Washington por reconstruir una arquitectura de seguridad hemisférica”

Informe del Ejército de Chile sobre el Escudo de la Américas.

El análisis realizado por el Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra (CEEAG) del Ejército de Chile, fue elaborado a fines de abril de este año, tras el lanzamiento de la instancia que impulsa el gobierno de Donald Trump y cuando Chile aún no era parte del mecanismo que Estados Unidos ideó para llevar adelante su denominada doctrina Donroe en América Latina.  

Si bien el escenario es distinto al del 7 de marzo pasado cuando el presidente estadounidense lanzó desde su casa en Miami el denominado Escudo de las Américas o Escudo de Trump, el informe que elaboró el Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra del Ejército de Chile es el único que se conoce públicamente sobre la instancia, de la cual, Chile ya no es observador, sino que un miembro más de la alianza que impuso Estados Unidos a los gobiernos de derecha de América Latina.

El informe del CEEAG del Ejército, al que tuvo acceso redacción, se enfocó en el lanzamiento de la instancia realizada el 7 de marzo de 2026 en Doral, Florida, donde participaron 12 países y se “formalizó una nueva coalición militar y de seguridad integrada por 13 naciones – incluyendo a EE. UU.- diseñada para reconfigurar la lucha contra el crimen organizado y frenar influencias extranjeras en el hemisferio occidental”, añadiendo que “se trató de un encuentro selectivo, ya que no participaron los presidentes de México, Colombia y Brasil” de la época, sostiene.

El documento, elaborado el 29 de abril pasado con fuentes abiertas, asegura que el “Escudo de las Américas surge como un compromiso hemisférico de seguridad impulsada por la administración Trump para coordinar acciones contra el narcotráfico, la migración irregular y otras amenazas transnacionales, con un lenguaje que eleva el problema criminal al nivel de amenaza estratégica. La idea se presenta como una coalición militar y de seguridad, no solo como un foro diplomático, y se destaca que busca intercambio de inteligencia, coordinación operativa y cooperación con enfoque militar”.

Asimismo, plantea que “el núcleo político de la propuesta es reordenar la seguridad regional alrededor de gobiernos afines a Washington, con un discurso de soberanía, pero con una arquitectura de cooperación que en la práctica aumentaría la dependencia de los países adheridos a inteligencia, financiamiento y legitimidad estadounidense”.

El informe elaborado por el Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra del Ejército de Chile también establece cuatro ejes principales de articulación del Escudo de las Américas: Combate al narcotráfico y al “narcoterrorismo”, contención de influencias extranjeras, enfocado en China principalmente, cooperación en inteligencia y operaciones, para mayor monitoreo en la región y control migratorio, para bajar el flujo de inmigración ilegal.

“En la práctica, esto implica en primer lugar, que el crimen organizado deja de ser tratado solo como delito y pasa a ser presentado como un problema de seguridad nacional y regional, catalogándolo como acciones terroristas todas aquellas que estén vinculadas con los carteles u organizaciones criminales, lo que abre la puerta a respuestas militares más agresivas”, destaca el informe del CEEAG del Ejército.

En segundo lugar, se señala que el Escudo de Trump “buscan contrarrestar la presencia de China, y en menor medida de Rusia e Irán, en América Latina. Esta intención transforma a la cumbre más que en una política antidrogas, la convierte en una herramienta para reordenar alineamientos hemisféricos, ya que los últimos años estos países han firmado diferentes acuerdos con varios Estados del continente, utilizando estos acuerdos para fortalecer un “orden mundial multipolar” y desafiar la influencia de Estados Unidos en la región. Podemos mencionar el caso de Bolivia, por ejemplo, que estuvo comprando armamento a Irán a cambio del uso de sus recursos naturales”.

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Participación militar

Como tercer elemento, en el CEEAG del Ejército indicaron que “la proyección más relevante es que el Escudo de las Américas podría evolucionar hacia un mecanismo de asistencia militar directa entre miembros, con mayor interoperabilidad, intercambio de inteligencia y eventual apoyo operativo contra infraestructuras criminales”.

Según el informe del Centro de Estudios de la Academia de Guerra del Ejército, “en términos prácticos, la futura participación militar probablemente se concentrará en tres planos: asesoría, inteligencia y apoyo logístico; cooperación naval y aérea contra rutas del narcotráfico; y posibles acuerdos bilaterales para presencia o acceso operacional de EE. UU. en territorios aliados”.

Asimismo, el análisis militar del CEEAG agrega sobre este último punto que, “abre el debate sobre los límites de la soberanía del Estado y dependerá mucho de las políticas de cada gobierno, pero lo evidente es que existe una clara intención de ampliar el margen de acción militar conjunto”.

Comentarios finales

Las conclusiones del informe que realizó el CEEAG del Ejército de Chile no dicen relación con la última declaración que firmó Chile tras adherir al Escudo de Trump, donde se transparentan otras obligaciones para los países miembros como, por ejemplo, en materias económicas y coordinación multilateral, sino que con el lanzamiento de la instancia y lo que hasta ese momento se conocía del Escudo de las Américas.

Sobre el respecto, el análisis señala que “el desarrollo a futuro de esta iniciativa dependerá mucho del contexto político y la realidad social de los países de América Latina que se adhieran al Escudo de las Américas, ya que la polarización ideológica, inseguridad urbana, presión migratoria y crisis de gobernabilidad en varios países, amenaza la permanencia a largo plazo de los países adheridos”.

En segundo lugar, concluye que, “la disyuntiva principal es la de siempre: seguridad versus soberanía. Cuanto más se militariza el combate al narcotráfico, mayor es el riesgo de que los Estados participantes acepten una agenda definida desde una esfera que puede ser percibida como una agresión a la soberanía, y de que el problema criminal se use para justificar reacomodos geopolíticos más amplios: la pérdida del monopolio de la fuerza, el debilitamiento del sistema judicial local y el control de datos, entre otros aspectos”.

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Por tal razón, el CEEAG sostiene que en “el corto plazo, el Escudo de las Américas parece más sólido como señal política que como estructura militar plenamente consolidada, porque depende de la continuidad de gobiernos afines y de la capacidad real de sostener una cooperación operativa”.

Mientras que, en el mediano plazo, “su éxito o fracaso dependerá de si produce resultados efectivos contra el crimen organizado sin desatar costos políticos por posibles cuestionamientos a la soberanía o rechazo social”.

Finalmente, el informe del Centro de Estudios de la Academia de Guerra del Ejército de Chile, advierte que “esta iniciativa no debe entenderse solo como una cumbre antidrogas, sino como un intento de Washington por reconstruir una arquitectura de seguridad hemisférica, donde la ayuda militar, la inteligencia y la política se mezclan en una misma alianza”.

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