Colombia

Elección de Abelardo de la Espriella en Colombia confirma “ola de derecha radical” en Latinoamérica

Analistas internacionales consultados por redacción, coinciden en el diagnóstico: las llegadas casi fotográficas a las jefaturas de Estado de Colombia y de Perú, con diferencias de menos de un 1% en los resultados electorales, reflejan la alta polarización existente en gran parte de nuestro continente, lo que dificulta la gobernabilidad.

Tres días después de la segunda vuelta en las elecciones, el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Colombia proclamó oficialmente al abogado Abelardo de la Espriella, del movimiento ultraderechista Defensores de la Patria, como presidente electo para el periodo 2026-2030, tras ganar el domingo pasado al izquierdista Iván Cepeda con una diferencia mínima de 0.96% de votos.  

De la Espriella, que asumirá el cargo el próximo 7 de agosto, ganó con 12,9 millones de votos (49,66 %) y se impuso por menos de un punto porcentual de diferencia a Cepeda, que sumó 12,7 millones de sufragios (48,70 %).

«Hoy el CNE concluye uno de los actos más trascendentales de nuestra democracia: se ha culminado el escrutinio nacional de segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Quiero manifestar que el escrutinio realizado no es solamente un trámite, sino la verificación más rigurosa de lo expresado en la voluntad popular», señaló Cristian Quiroz, presidente del CNE, durante la proclamación este 24 de junio.  

Tanto el candidato de izquierda Iván Cepeda, como el actual presidente de Colombia, Gustavo Petro, finalmente reconocieron la derrota en las elecciones presidenciales y aceptaron el triunfo del candidato de ultraderecha.

“Lo que dicen las elecciones, tanto en Perú como en Colombia, es que hay un fenómeno de polarización en ambos países, hay un fenómeno de fragmentación del centro, y finalmente un empate catastrófico, lo que dificulta la gobernabilidad”.

Gilberto Aranda, analista y académico del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile

Giro total a la ultraderecha en LATAM

El triunfo ajustado de Abelardo del Espriella en Colombia, así como el que se ve en Perú, donde Keiko Fujimori hasta ahora tiene una ventaja del 0,24% de los votos, refleja polarización y el ascenso de una derecha nacionalista, conservadora y populista, desplazando a la derecha tradicional. La izquierda, por su parte, enfrenta dificultades para conectar con la ciudadanía. Lo que se observa desde el campo del análisis político internacional, es que hay una tendencia regional hacia las ideas del pragmatismo, el promercado, el orden, la eficiencia y transparencia estatal.

Lo que tenemos es una ola de ultraderecha o derecha radical que veremos si realmente va a tener una duración importante o no, si es una cuestión estructural o es más bien una respuesta coyuntural y de contingencia que puede pasar rápido”, planteó Gilberto Aranda, analista y académico del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, a redacción.

En su análisis, Aranda explica que “lo que dicen las elecciones, tanto en Perú como en Colombia, es que hay un fenómeno de polarización en ambos países, hay un fenómeno de fragmentación del centro, y finalmente un empate catastrófico, lo que dificulta la gobernabilidad, porque el que asume (la presidencia) va a llegar entendiendo que la diferencia es exigua y que, por lo tanto, si bien legalmente hay uno que vence, la gobernabilidad puede resentirse durante un tiempo”. 

Esto “es una expresión del desencanto, de la búsqueda de lo nuevo por parte de electores y electoras que tienen poca paciencia, se desconforman en forma rápida. Tiene que ver también con que la izquierda no siempre está en sintonía con ciertos sectores de la población, la nueva izquierda en general se está centrando muchas veces en lo que son ciertos grupos, ciertas minorías y, eso hace que, para ciertos grupos precariados, no sean tan representativos”, expone Gilberto Aranda.

El analista político internacional Guillermo Holzmann, coincide en que la elección de Colombia con este este pequeño margen de triunfo muestra la alta polarización existente, y en este caso particular, dice, “se identifica un voto castigo, porque se le da a una persona que aparece en la escena política en el año 2023, que forma un movimiento que se hace a través de redes sociales y que tiene capacidad económica propia, que siendo abogado posee un desarrollo empresarial, tanto en Colombia como fuera, y que de alguna forma siendo outsider, se sale de las dinámicas políticas colombianas tradicionales, donde una derecha tradicional siempre ha sido fuerte, pero que ha perdido fuerza y contenido como quedó en evidencia en la primera vuelta”.

Y es una simbiosis de varios elementos que, según plantea Holzmann, “están dejando a América del Sur en una sintonía amplia, me atrevería a decir, con Estados Unidos, pero también con un pragmatismo dentro del ejercicio de una nueva derecha, con un pensamiento que es promercado, que es proorden, que es proderechos fundamentales de la sociedad en términos de poder tener una capacidad de darle más potencia al Estado, no en términos de tamaño, sino de eficiencia. Otra cosa es si efectivamente eso se le da también en un congreso colombiano que no es fácil, y donde la negociación es bastante más compleja”.

Desplazamiento al inicio