Resultados PISA 2025: una alerta para la educación chilena y en especial para la Formación Inicial Docente

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Joel Parra Díaz: Profesor, Doctor. Director del Magíster en Educación y académico del Departamento de Educación de la Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de La Frontera (UFRO).

Los resultados de PISA 2025, conocidos el recién pasado 8 de septiembre, nos invitan a una reflexión seria sobre la educación chilena. No porque una prueba internacional pueda explicar por sí sola lo que ocurre en nuestras escuelas, sino porque constituye una señal que sería recomendable considerar, sobre todos para quienes nos ocupa y preocupa la educación.

Chile obtuvo 403 puntos en Matemática, 436 en Lectura y 442 en Ciencias (muestra obtenida en más de 200 establecimientos). Respecto del año 2022, esto representa una disminución de 9 puntos en Matemática y 12 en Lectura, mientras Ciencias se mantiene prácticamente estable. Un dato especialmente preocupante es que solo el 41% de los estudiantes chilenos alcanza el nivel básico de desempeño en Matemática, frente al 65% promedio de los países de la OCDE, por solo señalar un resultado.

Sin embargo, sería simplista hablar únicamente de un “fracaso” de la educación chilena. La caída de resultados también se observa internacionalmente, y a pesar de lo anterior, nuestro país continúa ubicándose entre los países latinoamericanos con mejores desempeños. El problema es que esta posición relativa no debería tranquilizarnos en ninguna forma. La pregunta relevante no es solamente cómo estamos respecto de nuestros países vecinos, sino qué tan lejos estamos de garantizar que ojalá todos nuestros estudiantes desarrollen los aprendizajes que necesitan para desenvolverse en la sociedad contemporánea y la del futuro.

Estos resultados deben ocuparnos a quienes trabajamos en la Formación Inicial Docente (FID). Considero que deberíamos relevar la enseñanza y la comprensión de lo que leemos, aprender a argumentar, la resolución de problemas, interpretar información y utilizar conocimientos científicos para tomar nuestras decisiones, es decir,  lo que en FID llamamos desarrollar una pedagogía basada en la evidencia. Desarrollar estas capacidades en los futuros profesores es clave pues a su vez ellos desarrollarán estas capacidades en el sistema escolar nacional, y estas, son capacidades fundamentales para participar en la vida social, laboral y democrática.

Esto exige fortalecer la enseñanza y las condiciones en que esta ocurre. Aunque ojo, esto no significa regresar a una educación basada exclusivamente en la memorización, sino reconocer el valor de profesores bien preparados, altas expectativas, retroalimentación y acompañamiento para la mejora, tiempo efectivo para aprender y estrategias pedagógicas capaces de involucrar activamente a los estudiantes.

Revisando las noticias asociadas y las columnas de opinión de académicos y expertos educacionales que tempranamente aparecieron al respecto, encontramos que hay dos posibles explicaciones a estos resultados.  La primera es respecto a la tecnología. PISA advierte sobre los efectos que puede tener el uso inadecuado de dispositivos digitales en el aprendizaje. La respuesta no debería ser simplemente prohibirlos (como en nuestro país), sino preguntarnos para qué y cómo los utilizamos. Lo mismo ocurre con la inteligencia artificial: nuestros estudiantes necesitarán aprender no solo a utilizarla, sino también a cuestionar sus respuestas, verificar información y utilizarla responsablemente.

La segunda explicación posible es que los estudiantes de 1º y 2º medio (que rinden mayoritariamente la prueba, a los 15 años de edad) , cursaron años clave de su enseñanza básica en pandemia y esto supone una afectación en sus aprendizajes, que se proyecta hasta ahora y se aprecian en estos resultados.

A modo de cierre, invito a la comunidad académica a articularnos con el sistema escolar nacional para enfrentar el gran reto de contribuir a la mejora de aprendizajes de nuestros estudiantes. Desde la universidad tenemos, por tanto, una gran responsabilidad. La FID, la investigación educativa y la vinculación con las escuelas deben contribuir a responder estos desafíos desde los territorios, con evidencia, pero también con una gran comprensión de las realidades sociales y culturales de nuestras comunidades escolares.

Los resultados son una señal de alerta,  pero también una invitación a actuar.

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