El desastre no son las lluvias: la urgencia de planificar nuestro territorio

El desastre no son las lluvias: la urgencia de planificar nuestro territorio
Lluvias

Kamila Guerrero Silva, geóloga y miembro de la Red Geocientífica de Chile

Las recientes lluvias nos recuerdan una lección fundamental que parecemos olvidar frente a cada evento meteorológico, especialmente ahora que las precipitaciones ya no respetan una temporada marcada y pueden ocurrir en cualquier momento del año: el agua siempre recupera su espacio natural. Como geóloga, y desde la experiencia en la gestión de emergencias adquirida en mi paso por SENAPRED, he visto de cerca las consecuencias de ignorar la dinámica de nuestra geografía.

Históricamente, Chile ha arraigado una cultura profundamente reactiva; sistemáticamente seguimos tratando estos eventos como “desastres naturales” imprevisibles, cuando en realidad, el desastre no es la lluvia, sino nuestra falta de planificación territorial.

Habitamos un país vivo, expuesto a procesos geológicos y climáticos constantes, donde una remoción en masa, un aluvión o una inundación no son castigos del clima, sino respuestas naturales de un suelo que alcanza su límite de saturación, o de cauces que simplemente vuelven a ocupar sus llanuras de inundación históricas frente a cuencas hidrográficas profundamente intervenidas.

Hoy, además, jugamos contra el tiempo. El cambio climático ya no es una proyección abstracta; está alterando drásticamente nuestros patrones meteorológicos. Estamos enfrentando precipitaciones más intensas, concentradas en lapsos más cortos y con preocupante frecuencia, con una isoterma cero más alta. Esto significa que llueve con fuerza en zonas cordilleranas donde históricamente caía nieve. Este fenómeno sobrecarga de golpe la capacidad de absorción del terreno, multiplicando la escorrentía superficial —el volumen de agua que escurre ladera abajo— y arrastrando consigo lodo, rocas y sedimentos.

Frente a esta realidad física, la adaptación institucional es crítica y urgente para consolidar un verdadero enfoque preventivo. Es imperativo que cada municipalidad cumpla con los mandatos de la Ley 21.364 y mantenga rigurosamente actualizados y operativos sus Planes de Reducción del Riesgo de Desastres y sus Planes de Emergencia Comunales, con todos sus anexos al día. Para ello, resulta fundamental incorporar los estudios de amenazas y riesgos, incluidos los de origen geológico, en los instrumentos de planificación territorial, particularmente en los Planes Reguladores Comunales (PRC).

No obstante, un error común y peligroso es creer que esta gestión es responsabilidad exclusiva de las autoridades. El riesgo se reduce desde lo macro hasta lo micro, y la primera línea de defensa está en nuestras propias casas.

Prepararnos significa entender y observar el entorno directo de nuestra vivienda. Las acciones preventivas, como revisar techumbres, limpiar canaletas y despejar los sistemas de evacuación de aguas lluvias, deben realizarse permanentemente, mucho antes de que el suelo se sature.

Implica sentarnos a elaborar un “Plan Familia Preparada”, tal como recomienda SENAPRED, para identificar vulnerabilidades cercanas, reconocer vías de evacuación seguras y establecer puntos de encuentro. Exige, de igual forma, mantener un kit de emergencia que contemple las necesidades reales de todos los integrantes del hogar, incluyendo a niños, personas mayores, personas con discapacidad y nuestras mascotas.

Cuando el sistema frontal ya está sobre nosotros, la disciplina comunitaria es la que salva vidas. Evitar las conductas de riesgo debe ser una regla intransable. La hidrodinámica de un cauce desbordado, una quebrada activa o una calle inundada tiene la fuerza y la densidad suficiente para arrastrar vehículos y personas con una facilidad engañosa.

Durante la emergencia, debemos informarnos estrictamente por los canales oficiales —como la Dirección Meteorológica de Chile, SERNAGEOMIN y SENAPRED—, acatar las alertas de evacuación de inmediato y respetar los cierres preventivos.

La gestión del riesgo de desastres se construye mucho antes de que caiga la primera gota de lluvia o de que ocurra un sismo. No podemos cambiar nuestra topografía ni silenciar las amenazas climáticas de nuestro entorno, pero sí podemos reducir drásticamente nuestra exposición si aprendemos a leer nuestro territorio y dejamos de actuar solo cuando la emergencia ya nos golpeó.

Transitar de una cultura reactiva a una enfocada firmemente en la prevención es nuestro mayor desafío. La prevención, la preparación constante y el autocuidado son, al final del día, responsabilidades compartidas que definen nuestra supervivencia.

LLUVIAS
Aluvión en Las Condes tras el temporal de lluvias que afectó a la zona central el 8 de octubre 2026.

Desplazamiento al inicio