Nueva evidencia geológica: 803 microsismos revelan una deformación activa e imperceptible en la cordillera de los Andes en Valparaíso

Nueva evidencia geológica: 803 microsismos revelan una deformación activa e imperceptible en la cordillera de los Andes en Valparaíso

Investigadores de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile detectaron 803 sismos de muy baja magnitud en la comuna de San Esteban, registrados entre fines de 2023 e inicios de 2024. El hallazgo, publicado en la revista Geology de The Geological Society of America, no representa un riesgo sísmico para la población y aporta nueva evidencia para comprender la dinámica de la precordillera y los procesos asociados a la subducción de la placa de Nazca.

Históricamente, las redes sísmicas en Chile están diseñadas para detectar sismos de subducción, aquellos que presentan una mayor amenaza. Esto ha relegado a un segundo plano la microsismicidad superficial de Chile central. Sin embargo, un grupo científico de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile, por primera vez en las inmediaciones de la falla Cariño Botado, en la precordillera de la región de Valparaíso, ha captado “sismicidad cortical”, es decir, temblores originados en la parte superficial de la corteza terrestre, a poca profundidad (0-10 km).

Son 803 sismos de bajísima magnitud, entre 1 y 2 Mw, y baja profundidad (2-6 km), detectados en un área de 100 km² en la comuna de San Esteban y captados entre fines de 2023 e inicios de 2024, que confirman que el frente andino de la región de Valparaíso se deforma continua e imperceptiblemente en el presente, lo que descarta la idea de una precordillera inactiva.

El estudio, que fue publicado en la revista Geology, de The Geological Society of America, además aporta nuevos antecedentes para comprender la dinámica de subducción de la placa de Nazca, proceso que, en última instancia, condiciona la contracción y el alzamiento de la cordillera de los Andes, que es cómo se forman las montañas.  Y se convierte en un hito científico-tecnológico, dada la complejidad técnica que implica la captación de microsismicidad.

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La investigación permitió registrar actividad sísmica superficial de muy baja magnitud que hasta ahora había sido difícil de detectar en esta zona de Chile central. En la imagen, inmediaciones de la falla Cariño Botado, en la zona estudiada.

La investigación

Esta es una continuación del trabajo geocientífico desarrollado en la zona por el equipo del Departamento de Geología (DGL) de la FCFM, tras la descripción de la falla Cariño Botado hace casi tres años. Pero sus integrantes son enfáticos al afirmar que, debido a su baja magnitud, estos microsismos no implican un riesgo sísmico para la población.

El proyecto fue liderado por la académica del DGL Luisa Pinto y contó con la colaboración de investigadores e investigadoras del Departamento de Geofísica (DGF), quienes combinaron una serie de técnicas para obtener estos hallazgos, entre ellas perfiles de gravedad, magnetotelúrica, registro sísmico y machine learning.

“Integramos todas las técnicas de procesamiento de señales que tenemos a disposición, incluida la inteligencia artificial, para captar estos sismos. Sin estas técnicas, no habríamos podido analizarlos”, explica Andrei Maksymowicz, académico del DGF y coautor del estudio.

Sismicidad elusiva

“Las inmediaciones del paralelo 33°S han sido estudiadas por sismólogos durante décadas, pero la actividad sísmica superficial ha permanecido como una incógnita debido a la escasez de redes abocadas al estudio de los sismos de la corteza superior“, señala Maksymowicz. De hecho, los primeros trabajos en la zona se remontan a los estudios del profesor emérito Luis Aguirre-Le Bert.

Para detectar esta sismicidad elusiva, el equipo del DGF implementó una densa red de sensores y utilizó herramientas de inteligencia artificial que identificaron, localizaron y calcularon las magnitudes de estos eventos. “Esto requiere semanas o meses de trabajo, pero gracias a técnicas de inteligencia artificial desarrolladas en el DGF y en el Programa de Riesgo Sísmico, el proceso se realiza hoy de manera automática y en pocos días”, comenta Bertrand Potin, investigador del DGF, especialista en machine learning y coautor de este trabajo. “El resultado es un catálogo detallado de la microsismicidad cortical de la falla Cariño Botado”, agrega.

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La Falla Cariño Botado hace montar las rocas volcánicas meteorizadas de la formación abanico (en verde) sobre abanicos aluviales basculados (en amarillo) (Universidad de Chile, estudio de 2023).

¿Por qué es relevante?

Estos microsismos entregan información sobre los procesos geodinámicos de este lado del mundo, es decir, sobre las fuerzas y los procesos naturales que transforman y modelan la estructura de la Tierra.

Entre los 27°S y los 33°S de latitud, la cordillera de la Costa y la cordillera de los Andes conforman una estructura unificada carente de una depresión central. Además, en esta parte de Chile no hay vulcanismo.

Todos estos rasgos son atribuidos a la influencia de la dorsal de Juan Fernández, cadena de montes submarinos de 800 km de extensión ubicada en la placa oceánica de Nazca. “La distribución de los sismos corticales superficiales puede reflejar la influencia de la subducción de la dorsal de Juan Fernández”, dice textualmente el estudio, dando cuenta de los procesos a gran escala que dan forma a nuestro país.

Los trabajos relacionados con la microsismicidad somera de la precordillera son relativamente nuevos, con algunos ejemplos en la falla San Ramón, Las Melosas (Cajón del Maipo) y la falla de Mesamávida (Maule).

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