El acortamiento de las carreras universitarias: Una discusión sin destino

enrique fernandez darraz

Enríque Fernández Darraz: Doctor en Sociología, académico.

Hace algunas semanas revivió el interés por el acortamiento de las carreras universitarias.

Esta idea es tan vieja como otras dos, que tampoco han tenido y difícilmente tendrán viabilidad: el marco nacional de cualificaciones y la flexibilidad curricular en el pregrado.

El principal argumento que se utiliza para proponer el acortamiento de las carreras es económico: la duración importa costos muy elevados para las personas y, en el caso de la gratuidad y otros beneficios, para el Estado. En última instancia, para los contribuyentes.

Pienso que este problema tiene dos formas de abordarse, primero, en comparación con lo que sucede en los países desarrollados que con tanto entusiasmo solemos citar y alabar. Segundo, en relación con los resultados que se busca obtener.

Lo primero que habría que decir es que no se puede comparar Chile con el primer mundo, porque los sistemas universitarios funcionan de manera distinta. Mientras en los países del centro las universidades sólo entregan grados académicos y la habilitación profesional la dan los gremios y colegios profesionales, en Chile las universidades entregan ambas cosas.

Entonces, no es raro que una universidad europea o norteamericana entregue un grado de bachiller en dos o tres años y luego un magíster en otros dos. El punto es que hasta ese momento una persona no tiene habilitación alguna para ejercer una profesión.

“La pregunta no es cuán cara y larga es la formación universitaria en Chile y cuánto la podemos abaratar si reducimos sus años. La pregunta, más bien, es ¿qué resultará más caro en el largo plazo?”

Enríque Fernández Darraz

Por ejemplo, en Inglaterra, para que alguien pueda ejercer como ingeniero o ingeniera debe contar con un bachiller (3 años), un magíster (1 año) y luego 4 o 5 años de experiencia certificada por un o una ingeniera u organización certificada. Un tiempo similar toma la misma habilitación en USA. Para certificarse de psicólogo clínico, el tiempo requerido entre estudio y práctica, es de unos siete años en Alemania, ocho en España y nueve en USA. Otras carreras tienen, al menos la misma duración o ligeramente superior que en Chile, pero exigen prácticas y exámenes adicionales al primer grado universitario.

Visto así, la duración de las carreras en Chile parece absolutamente razonable, si se considera que las Universidades no sólo entregan los grados académicos correspondientes, sino que además habilitan profesionalmente.

La otra forma de verlo es en relación con los propósitos formativos. Para nadie es un secreto que los déficits formativos que los y las estudiantes traen desde la enseñanza media requieren que las universidades deban compensarlos, a través de una batería enorme de actividades co-curriculares. Y aun así, los resultados formativos al egreso son, en algunos casos, bastante bajos.

Es lo que nos indicaban, por ejemplo, las pruebas INICIA y ahora la nueva Evaluación Nacional Diagnóstica, para las carreras de pedagogía. O lo que dejó en evidencia el Programa para la Evaluación Internacional de las Competencias de Adultos (PIIAC 2023 – OCDE), en el que Chile obtuvo el peor rendimiento de los 31 países que participaron.

Visto lo anterior, entonces, la pregunta no es cuán cara y larga es la formación universitaria en Chile y cuánto la podemos abaratar si reducimos sus años. La pregunta, más bien, es ¿qué resultará más caro en el largo plazo?

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