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Kast y los capataces del capital

Lorenzo Gónzalez: Académico vinculado a la Ciencia Política.

El gobierno de Kast sigue sorprendiendo. Sobre todo, a quienes se empeñan en sorprenderse.

Se admiran porque aprueban proyectos mineros en Penco que dañarán el medio ambiente. Porque el ministro de Vivienda llama a construir en humedales. Porque quienes estuvieron en contra de la gratuidad universal de la educación superior argumentando que los que podían pagar debían hacerlo, eliminarán las contribuciones a los sectores más ricos. Porque luego de entregar de por vida los derechos de pesca a siete familias hoy proponen una rebaja del impuesto a las empresas por 25 años. Porque se niegan a levantar el secreto bancario. Porque generarán un sistema de indemnización que deteriorará aún más las condiciones laborales. Y así suma y sigue.

También se sorprenden por recortes al Estado, que son, en los hechos, recortes a los beneficios de los más pobres.

¿Pero qué esperaban? ¿Qué un gobierno de extrema derecha retrocediera una vez alcanzado el poder? ¿Que renunciara a su agenda?

La época de los consensos murió con la Nueva Mayoría. El gobierno de Boric fue, en el mejor de los casos, una concesión constante: buscó insistentemente el beneplácito de la derecha para pedir cosas que ésta no le concedió.

Kast y su equipo seguirán imponiendo su agenda, porque no creen en el Estado. Un diputado de sus filas lo dijo: “la derecha defiende que las familias tengan la capacidad de salir adelante por sus propios esfuerzos y sin una dependencia indebida del Estado” (algo fácil de decir cuando se viene de donde se viene y se ha disfrutado los privilegios de ese origen).

Pero tampoco creen en él porque es un estorbo para el capital. Del mismo modo que Trump no ocultó su interés en el petróleo venezolano. Sin Muro de Berlín y sin el fantasma del comunismo tras él, el capitalismo ha vuelto a mostrar alegremente los dientes, no sólo en Chile.

Para entender este momento vale la pena recordar a Marx y su célebre referencia a John Thomas Dunning: “El capital no rechaza ningún beneficio, ni siquiera uno muy pequeño, […]. Con un beneficio adecuado, el capital se muestra muy audaz. Un 10% seguro garantizará su empleo en cualquier lugar; un 20% seguro producirá entusiasmo; un 50%, audacia positiva; un 100% lo hará dispuesto a pisotear todas las leyes humanas; un 300%, y no habrá delito ante el que tenga escrúpulos, ni riesgo que no corra, incluso a costa de que su propietario sea ahorcado. Si la agitación y la contienda reportan beneficios, fomentará libremente ambas. El contrabando y el comercio de esclavos han demostrado ampliamente todo lo aquí expuesto.”

La actual administración es más que un empleado diligente de los patrones. Es su capataz, que allana el camino para la libre circulación del capital propio y ajeno.

NOTA DIRECTOR: El autor de esta columna, cuya expertiz es reconocida fehacientemente por redacción, solicitó expresamente escribir bajo un seudónimo, por razones de seguridad laboral.

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