
Gonzalo Ortiz Ortiz: vicepresidente Federación Nacional de Asociaciones de Enfermeras y Enfermeros de Chile (FENASENF)
Hay fechas que nacen de una celebración. Otras nacen de una herida que un país decide no olvidar. El 4 de julio es una de ellas. Desde que fue establecido por ley como el Día Nacional por la Defensa de la Salud Digna, esta fecha recuerda a la pequeña, Amelia Salazar Jorquera, una niña que falleció esperando una atención que llegó demasiado tarde. Pero también representa a miles de personas que, detrás de una lista de espera, un tratamiento postergado o una urgencia sin respuesta oportuna, siguen esperando que el derecho a la salud sea algo más que una promesa.
Quienes trabajamos en los hospitales conocemos esa realidad de cerca. Los recortes presupuestarios tienen el rostro de personas de todas las edades, sin excepción. Durante las últimas semanas hemos visto hospitales que advierten dificultades para sostener prestaciones, servicios tensionados en pleno invierno y adultos mayores que han visto interrumpidos apoyos tan esenciales como la atención domiciliaria o enfrentan demoras en tratamientos oncológicos. Son señales de un sistema que necesita ser fortalecido.
El Gobierno ha querido instalar durante junio una narrativa de “eficiencia y gestión”, y nosotros más que nadie conocemos el enorme esfuerzo que miles de funcionarias y funcionarios realizan cada día para sacar adelante la atención con compromiso y profesionalismo. Reorganizan turnos para mantener los servicios operativos, redistribuyen camas según la demanda asistencial, priorizan las prestaciones más urgentes y optimizan al máximo los recursos disponibles para que ningún paciente quede sin atención. Esa gestión existe, ocurre todos los días y no es algo nuevo. Pero, por sí sola, no reemplaza el financiamiento.
Por eso, en la víspera de esta conmemoración, una gran velatón nacional iluminará los frontis de los hospitales de Chile este viernes 3 de julio, desde las ocho de la noche. Encender una vela no resolverá la crisis sanitaria, pero sí será un gesto de memoria, esperanza y compromiso con una causa que nos pertenece a todos. Defender una salud digna es defender el derecho de cada persona a recibir una atención oportuna, segura y humana. Es también honrar la memoria de Amelia y de tantas personas que no deberían haber esperado más de la cuenta. Que ninguna vida vuelva a quedar esperando lo que nunca debió faltar. Que no se apague la salud pública.




