El lapidario informe agrega que los seis trabajadores muertos desarrollaban labores “en sectores con condiciones geomecánicas exigentes y antecedentes de riesgos conocidos”. Además, concluyó que la operación minera del proyecto “evolucionó hacia una configuración distinta de aquella considerada en el diseño y aprobación original” y “sin una reevaluación técnica integral que abordara de manera explícita sus implicancias en el comportamiento del macizo rocoso y las condiciones de estabilidad del sistema”.
A casi un año del trágico accidente en la mina El Teniente, ocurrido el 31 de julio de 2025, en el que seis trabajadores perdieron la vida y otros nueve quedaron lesionados al colapsar galerías subterráneas que estaban en construcción, redacción tuvo acceso al informe realizado por el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), organismo a cargo de la fiscalización de las actividades mineras en el país.
Las principales conclusiones del informe dan cuenta que el fatal accidente, si bien fue gatillado por un sismo 4.3 registrado por un estallido de roca, el análisis concluyó “que el sistema de gestión no logró anticipar, integrar ni controlar adecuadamente las condiciones de riesgo presentes en la operación, ni asegurar la implementación efectiva de barreras preventivas destinadas a resguardar la vida e integridad de los trabajadores, conforme a las exigencias del Reglamento de Seguridad Minera”.
En el análisis técnico se indica que el accidente “se produjo en el contexto de un evento geomecánico de alta energía, asociado a condiciones de minería profunda y a la interacción de cavidades mineras en el sector norte del yacimiento”, sin embargo, se establece que también hay fallas al no identificar el riesgo real que existía en esas faenas.
El documento agrega que la investigación determinó que el accidente “no se explica únicamente por la ocurrencia del fenómeno, sino por la existencia de condiciones operacionales que permitieron la exposición de trabajadores a un escenario de riesgo significativo”.
“En este sentido, se verificó que la operación se desarrolló en sectores con condiciones geomecánicas exigentes y antecedentes de riesgos conocidos, asociados tanto a la evolución del comportamiento sísmico como a la presencia de estructuras geológicas relevantes -incluyendo la Falla N3 en el sector Loop 1- con orientación concordante con el régimen de esfuerzos, sin que las medidas operacionales y de control implementadas resultaran suficientes para restringir la exposición de personas en dichas áreas”.
Asimismo, “se identificaron brechas en la gestión del riesgo geomecánico, particularmente en la integración de información relevante para la toma de decisiones, en la actualización y aplicación de criterios operacionales frente a condiciones críticas, y en la verificación de la efectividad de las medidas preventivas”, detalla el informe del Sernageomin.
Un punto relevante de las conclusiones apunta a que “se constató que la operación minera evolucionó hacia una configuración distinta de aquella considerada en el diseño y aprobación original del proyecto, sin una reevaluación técnica integral que abordara de manera explícita sus implicancias en el comportamiento del macizo rocoso y en las condiciones de estabilidad del sistema”.
Debido a que el informe del Sernageomin no establece responsabilidades, ahora corresponderá verificar si éstas existen en materia administrativas, mientras que la Fiscalía a cargo de la investigación del accidente podría establecer responsabilidades penales, ya que los elementos dan cuenta de eventuales fallas humanas en la evaluación del riesgo real de la faena, así como faltas de las empresas involucradas en informar los cambios y disponer de esa información para la fiscalización y correcta evaluación de los diseños para la construcción de los nuevos niveles de la mina.

Antecedentes de sismos previos relevantes
Es importante, según los fiscalizadores, dejar establecido que el evento del 31 de julio de 2025 no ocurrió de manera aislada, sino que estuvo precedido por eventos sísmicos e incidentes geomecánicos relevantes (alta energía) en la División El Teniente de Codelco, antecedentes que “evidencian que la operación ya presentaba manifestaciones previas de sismicidad inducida y daños a infraestructura en distintos sectores, lo que constituye un contexto técnico indispensable para el análisis del accidente y de la eficacia de las medidas preventivas adoptadas”.
En particular, indica que “se registraron episodios anteriores con estallidos de roca, colapsos de galerías, daños a fortificación y condiciones de riesgo que afectaron sectores productivos y de infraestructura”.
Entre ellos destacan un evento del “18 de septiembre de 2021, en Mina Recursos Norte, se produjo un evento de 1,9 Mw con colapso del techo en una intersección del Nivel de Acarreo, en un entorno cercano a la falla N3, sin exposición de personal por tratarse de feriado; el 24 de julio de 2023, se registró un evento de alta relevancia en el contexto de minería profunda, inicialmente reportado como 3,0 Mw y posteriormente corregido a una magnitud mayor, con daños mayores en el Proyecto Andes Norte, aislamiento de un trabajador que debió ser rescatado, y afectación a infraestructura en zonas que posteriormente volverían a manifestar vulnerabilidad”.
Además, se describe que “durante noviembre de 2023, se efectuaron revisiones en terreno para verificar el avance de fortificaciones implementadas luego del evento de julio de 2023, en sectores con presencia de sobreexcavación y levantamientos de techo”. Y esto es sumamente relevante, dado que fue en ese mismo sector donde se produjo el nuevo estallido de roca que terminó en la tragedia en la que fallecieron seis trabajadores.

Descripción del accidente
El accidente en la mina subterránea El Teniente fue causado por desprendimiento de material rocoso, definido como “estallido de roca”, evento que registró una magnitud de 4,3. Dicho evento provocó daños estructurales en el techo de la galería, el taller de mantención de la mina Andesita, generándose el desprendimiento de una cuña de roca de 24 m³ y de 60 toneladas aproximadamente.
Adicionalmente, en un sector productivo de la mina Recursos Norte, el estallido de rocas provocó un “colapso del techo en el cruzamiento entre la galería Socavón Hw/Loop 1, en el nivel Teniente 7 acarreo, correspondiente a la Gerencia de Operaciones mina Recursos Norte Teniente 7, esta falla masiva del macizo rocoso destruyó completamente la fortificación existente del lugar”, indica el informe de Sernageomin.
Además, se explica que “este sector corresponde al mismo punto afectado por el estallido de rocas del 24 de julio de 2023, en dicha fecha el techo de la galería colapsó y quedó con sobreexcavación que alcanzó un total de 13,10 m. de altura desde el piso, motivo por el cual se ejecutaron labores de reparación mediante fortificación con pernos, cables, malla y shotcrete” (método de construcción en el que el hormigón es proyectado a alta velocidad a través de una manguera hacia una superficie).
Con el evento del 31 de julio de 2025, en tanto, el informe señala que “el colapso afectó nuevamente el mismo lugar, con propagación del daño” hacia el Este de la galería de transportes 1 (Loop), alcanzando hasta el pique de traspaso”.
Fue en la entrada de la galería de transporte 1, a la espera de un equipo de levante, que los cinco trabajadores de la empresa Constructora Gardilcic Ltda.: Gonzalo Ignacio Núñez Caroca (33 años), Alex Araya Acevedo (29 años), Carlos Andrés Arancibia Valenzuela (34 años), Jean Humberto Miranda Ibaceta (31 años) y Moisés Esteban Pavez Armijo (33 años), “fueron alcanzados por la proyección y desprendimiento masivo de material rocoso”, falleciendo en el lugar.
Cambios en diseño que no se informaron
En las 122 páginas que tiene el informe del Sernageomin sobre las causas de esta tragedia minera, se detalla cada uno de los antecedentes que consideraron para arriba a las conclusiones, incluidos todos los protocolos y medidas que deberían haberse tomado en la construcción de este nuevo nivel de la mina.
Uno de los puntos que llamó la atención de los fiscalizadores, dice relación con cambios “en el diseño y aprobación original del proyecto, sin una reevaluación técnica integral”, sobre lo cual el informe también ahonda.
“Desde el punto de vista geomecánico, el fracturamiento hidráulico (FH) actúa principalmente a escala local, modificando las condiciones del macizo en sectores específicos. Por ello, su efectividad depende de una adecuada definición de su extensión, ubicación y profundidad, en función del estado tensional y de la evolución del sistema minero. Sin embargo, la efectividad del FH debe ir anterior a la explotación, es decir, en la etapa de desarrollo”.
Según el informe, “en escenarios de sismicidad profunda y alta interacción entre cavidades, como el observado en el evento del 31 de julio de 2025, el fracturamiento hidráulico no necesariamente resulta suficiente como medida única de control”, agregando que “lo anterior da cuenta de limitaciones en su capacidad para mitigar fenómenos de liberación de energía de gran magnitud, particularmente cuando subsisten zonas no tratadas o condiciones tensionales que exceden su ámbito de influencia”, especifica.
En los días posteriores al accidente, trabajadores denunciaron que hubo sismos previos y elementos que indicaban que se podrían provocar derrumbes, pero que no estaban siendo considerados.
Sobre el reforzamiento del techo tras el evento del 24 de julio de 2023, se estableció por el Sernageomin “que la estrategia de fortificación post-2023 se limitó a una reparación de carácter local y estático, sin considerar una reingeniería a la respuesta dinámica del macizo ante eventos de mayor magnitud, cuya probabilidad de ocurrencia ya había sido advertida. No obstante, lo anterior, se concluye que, aun cuando la fortificación ejecutada se ajustaba a lo indicado en los planos de diseño, ésta no resultó suficiente para contener” el derrumbe generado por el evento sísmico del 31 de julio de 2025.
“Lo anterior evidencia que los criterios de diseño y verificación del sistema de soporte no consideraron adecuadamente escenarios de liberación de energía de mayor magnitud, capaces de comprometer la estabilidad del sector. Se evidenció que la División validó un sistema de soporte cuya capacidad de resistencia era inferior a la demanda energética del yacimiento”, aclara el análisis.
Adicionalmente, “se constató que la condición geométrica del sector, caracterizada por la existencia de una sobreexcavación remanente del orden de 13 metros desde el piso de la labor, no fue abordada mediante soluciones de sostenimiento acordes a dicha configuración, tales como sistemas de soporte de mayor capacidad o medidas equivalentes de control, como el aislamiento o la restricción del área”.
Por último, en este punto se revela que pese a que se permitió “el tránsito de personas y equipos bajo una “luz” de 13 metros de altura sin un refuerzo estructural (como marcos de acero o pilares de relleno), considerando que esta sobreexcavación alteró drásticamente el brazo de palanca y la estabilidad de las cuñas de roca, convirtiendo el sector en una zona de alto riesgo de colapso inminente,debió ser clausurada de forma permanente”.
“Se mantuvo el uso del sector como ruta de tránsito de equipos y circulación peatonal, pese a la presencia de condiciones geotécnicas desfavorables y antecedentes de inestabilidad, lo que incrementó significativamente la exposición de las personas frente a un evento de alta energía, sin la implementación de medidas de restricción o aislamiento acordes al nivel de riesgo existente”, determinó la investigación del Sernageomin.




