Chile duerme mal

Chile duerme mal y se enferma de día: la crisis que la salud pública ignora

Chile duerme mal. Juan Carrillo

Juan Carrillo Azócar: Médico, con Estudios en Neurobiología y Ciencias de la Conducta, Magister (c) en Salud Pública, Máster en Medicina y Fisiología del Sueño.

Imagine un medicamento gratuito, sin efectos secundarios y capaz de reducir el riesgo de sufrir infartos, diabetes, depresión y demencia. Ese remedio existe y se llama dormir bien; sin embargo, si Chile fuera una farmacia, este medicamento estaría fuera de stock. Mientras el debate sanitario se concentra en las listas de espera diurnas, una catástrofe silenciosa ocurre entre las 11 de la noche y las 6 de la mañana. Un país que no deja dormir a su población se enferma de día por lo que tolera de noche.

Las cifras locales configuran una epidemia invisible: el 44% de los adultos chilenos padece síntomas de insomnio clínico y entre el 20% y el 30% sufre de apnea obstructiva del sueño. Quienes tienen apnea padecen el cierre repetido de su vía aérea, interrumpiendo su respiración cientos de veces por noche sin saberlo. Frente a esto, el sistema de salud demuestra una ceguera estructural. Menos del 10% de los centros médicos del país pueden realizar un estudio del sueño, la apnea no está incluida en las Garantías Explícitas en Salud (GES) y los futuros médicos reciben menos de 20 horas de formación sobre el sueño en toda su carrera.

El sueño no es un estado pasivo. De noche, el cerebro activa un sistema de drenaje que elimina desechos tóxicos vinculados al Alzheimer, y el cuerpo calibra las hormonas que controlan la presión, el azúcar y el sistema inmune. Cuando este proceso se interrumpe, el impacto es devastador. Una apnea no tratada duplica el riesgo de infarto cardíaco y triplica la probabilidad de hipertensión resistente a fármacos. Además, eleva en un 70% el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular y cada hora de sueño perdida bajo el umbral de las 7 horas aumenta un 37% el riesgo de diabetes tipo 2.

Este desajuste destruye el ritmo circadiano, el reloj molecular celular que regula desde la insulina hasta la reparación del ADN. Este reloj se altera profundamente por factores ambientales: el 86% de los chilenos respira aire que supera los límites de material particulado fino (PM2,5) de la OMS. En ciudades como Temuco, Osorno y Coyhaique, la contaminación invernal apaga los genes encargados de regular este reloj biológico, saboteando la química cerebral nocturna.

La crisis se agrava con el envejecimiento celular y social. A los 70 años, un ser humano conserva menos del 5% del sueño profundo que disfrutaba a los 20, debilitando la limpieza cerebral justo cuando más se necesita. A esto se suma que el 30% de los adultos mayores chilenos vive en aislamiento social; la soledad activa un estado de hipervigilancia que fragmenta el sueño, acelerando el deterioro cognitivo y la demencia. El mal dormir golpea incluso a la fertilidad en un Chile con natalidad mínima. La falta de descanso destruye la melatonina que protege los óvulos y reduce entre un 10% y un 15% la testosterona en hombres. Esto afecta directamente al 30% de la fuerza laboral que trabaja en turnos rotativos, quienes enfrentan un estrés circadiano crónico y mayores tasas de aborto espontáneo.

Para revertir esto, la medicina del sueño propone cinco medidas de bajo costo: implementar cuestionarios de tamizaje en los controles de rutina de la atención primaria; democratizar el diagnóstico mediante la poligrafía respiratoria domiciliaria (dispositivos portátiles que bajan el costo de 800.000 a 150.000 pesos); incorporar la apnea del sueño al GES para financiar equipos CPAP, lo que se amortiza en dos años al evitar hospitalizaciones; regular los turnos rotativos con criterios cronobiológicos; y actualizar las mallas universitarias de medicina.

Seguir tratando la hipertensión, la diabetes y la depresión con fármacos sin solucionar la causa nocturna es como intentar secar un piso inundado sin cerrar la llave del agua. Chile necesita una reforma de salud que no ignore lo que ocurre cuando se apagan las luces.

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