Preocupación existe por este derrame en uno de los paraísos marinos de la región de Aysén, donde las praderas de macroalgas son vitales para las comunidades Lafkenche y los mariscadores locales. La Armada dispuso unas barreras de contención, pero “el petróleo se está desparramando, brotando del barco y las corrientes se encargan de desparramarlo por los canales. Y eso está llegando a los bancos naturales de erizo”, describen los habitantes de la zona.
A casi tres semanas del varamiento de la motonave Vali, una embarcación vinculada a la industria salmonera, accidente ocurrido el pasado 12 de octubre en las cercanías de Isla Verdugo, ubicada en la comuna de Guaitecas, Región de Aysén, habitantes del territorio han alertado a las autoridades por señales de una aparente contaminación por hidrocarburos, que contrasta con la información entregada inicialmente por la Armada. Pero pescadores y dirigentes de comunidades fueron al lugar, tomaron muestras e imágenes, y advierten sobre el posible daño ambiental por derrame.
Las denuncias apuntan a un potencial de contaminación marina con petróleo ya que, de acuerdo con los antecedentes informados inicialmente por la Autoridad Marítima, la nave mantenía aproximadamente 161 metros cúbicos de combustible en sus estanques y, pese a que se observaron restos oleosos en el agua, la inspección preliminar no identificó un derrame de combustible.
Pero “los registros audiovisuales gestionados por habitantes de Guaitecas el sábado 17 de octubre, mostrarían presencia de petróleo en el mar y sectores costeros próximos al accidente, lo que plantea serias interrogantes sobre el alcance de la contaminación y la efectividad de las medidas de contención implementadas”, indica un comunicado de Greenpeace, que se suma al llamado de las comunidades de Guaitecas para esclarecer un posible derrame de petróleo.
Daniel Caniullán, dirigente, buzo mariscador, lonko de la comunidad indígena Pu Wapi y miembro del Comité Bentónico de la región, fue uno de los primeros en informar sobre esta situación. Tras ir al lugar del accidente, señaló que “esto es puro petróleo, no es barro”.
Denuncian que las corrientes marinas estarían dispersando los residuos oleosos desde la zona de la nave varada hacia otros sectores, mientras persiste la incertidumbre sobre la existencia de una fuga activa, la cantidad de combustible eventualmente vertido y los efectos sobre el ecosistema.
La preocupación, además, se basa en la posibilidad de que el combustible continúe filtrándose y alcanzando nuevas zonas costeras. “Somos una comunidad indígena que estamos trabajando sobre la base de la Ley Lafkenche o Ley 20.249. El territorio que cuidamos y custodiamos, es porque se estableció que hay usos consuetudinarios que se siguen ejerciendo, que es la pesca artesanal, la recolección de orillas y la pesca sustentable. Entonces la industria, que está metida también en ese mismo territorio, es la que nos está generando problemas de distinta índole, generando efectos negativos en el ecosistema marino”, explica el lonko Caniullán.

Las imágenes corresponden a la evidencia captada en la zona del accidente, y muestra la mancha oleosa que ha dejado el derrame o lo que emana de la embarcación varada, que va moviéndose hacia otros sectores del archipiélago.
El accidente y varamiento de la nave
La embarcación, perteneciente a la empresa Detroit S.A. y utilizada para el transporte de peces vivos en la industria salmonera, impactó contra una zona de roqueríos mientras prestaba apoyo a un centro de cultivo, en un accidente que obligó a evacuar a sus 14 tripulantes.
El motonave Vali, es un buque de 80 metros, “e iba en dirección a la salmonera de AquaChile, que hoy son la empresa Exportadora Los Fiordos (filial) de Agrosuper. Los mismos dueños”, señala Caniullán.
“No alcanzó a llegar, quedó como a 500 metros del centro cultivo, porque tenía que pasar una angostura y ahí había un bajo, que es como un lomo toro, pero que está bajo el agua y no se ve, hay que pasar con cuidado. Y este barco, que tiene toda la tecnología, chocó en ese bajo, erraron”, relata.
El dirigente de la comunidad Pu Wapi describe que “es un buque de miles de toneladas, no es fácil moverlo tan rápido, se quedaron pegados, rompieron el casco, pues tiene una ruptura como de 3 metros, y ese mismo barco anda cargado de petróleo, más de 100 toneladas de puro petróleo para el motor del barco”.
La nave varada está a unas tres horas de navegación, como 20 millas marinas, hacia el sureste de Melinka. En ese punto están las islas Verdugo, Serrano y Leucayec, que forman parte del Archipiélago de los Chonos y el Archipiélago de las Guaitecas. “Y en el medio de la triangulación que forman, está el barco, pero más cerca de isla Serrano”, puntualiza el lonko Caniullán.

Daño potencial por derrame en zona de fundamental para la biodiversidad
La preocupación se concentra especialmente en los posibles impactos sobre los bancos naturales de recursos bentónicos de la zona, donde existen semilleros de erizos y poblaciones de locos, lapas, crustáceos, algas y otras especies fundamentales para la biodiversidad y las actividades de subsistencia de las comunidades indígenas y de pescadores artesanales.
“El petróleo se está desparramando, brotando del barco y las corrientes se encargan de desparramarlo por los canales. Y eso está llegando a los bancos naturales de erizo. Para que usted sepa, nosotros somos líderes mundiales en producir erizo de banco natural al mercado japonés, competimos con Rusia y México, pero esos bancos naturales que tenemos en la Guaitecas están cada vez más frágiles por toda la contaminación”, comenta preocupado el lonko y buzo mariscador Daniel Caniullán.
Silvana Espinosa, experta en Clima y Ecosistemas de Greenpeace indica que “estamos hablando de una embarcación que transportaba una cantidad considerable de combustible y de registros que muestran indicios preocupantes de contaminación marina. Las autoridades tienen la obligación de investigar, fiscalizar y actuar oportunamente, no esperar a que el daño sea irreversible para reconocer la gravedad de la situación. Cuando ocurre un accidente de estas características, no solo está en riesgo el medio marino, sino también las formas de vida de comunidades que dependen directamente de su conservación”.
La instalación de barreras de contención realizada por la Armada, según se informó, luego de la visita con los dirigentes al punto del accidente, es una medida inicial, “pero resulta insuficiente si no existe una evaluación rigurosa de la contaminación, un seguimiento permanente de su dispersión, un plan efectivo de limpieza y reparación”, explica la científica.
Además, dice que es “igualmente importante, una estrategia seria de la industria y las autoridades para que este tipo de accidentes no sigan ocurriendo. Las comunidades tienen derecho a saber qué está ocurriendo y qué medidas se están adoptando para proteger su territorio”, aclara Silvana Espinosa.

Daniel Caniullán, buzo mariscador, lonko de la comunidad indígena Pu Wapi y miembro del Comité Bentónico de la región, fue uno de los primeros en informar sobre este posible derrame. Tras ir al lugar del accidente, señaló que “esto es puro petróleo, no es barro”. En la imagen se puede ver la embarcación varada y en las manos del dirigente con petróleo que ya se ha adosado a las rocas y orilla de los islotes e islas más cercanas al punto del varamiento.
Reclamos por inacción de organismos encargados de fiscalizar
La noticia del accidente y posible derrame de petróleo llegó prontamente a las comunidades, pero la decisión de los dirigentes fue navegar a esa zona y verificar la información, “porque lo que decían por redes sociales, la Armada y Sernapesca, no lo creí”, dice Daniel Caniullán.
“Porque al final ellos viven del fisco, no viven de los recursos marinos. Nosotros vivimos de los recursos pesqueros, por lo tanto, vamos a cuidar nuestra fuente económica y no vamos a permitir contaminación. Por eso agarramos nuestras lanchas y nos fuimos a tomar el registro para ver lo que estaba haciendo la Armada, porque siempre le bajan el perfil”.
La escena y el recorrido los dejó devastados. Con la evidencia en imágenes, tres dirigentes de la organización llegaron hasta la oficina de Sernapesca regional y estamparon una denuncia.
“Sernapesca tiró la pelota a los marinos. Los marinos me llamaron al tiro, me dijeron necesitamos hablar con usted porque hay una denuncia, estamos viendo las imágenes y claramente se ven cosas ahí, tenemos la embarcación disponible para que usted nos pueda llevar e indique dónde está. Entonces, cuando los marinos me piden eso, todo lo que venían diciendo para atrás por redes sociales era mentira, porque eso demostraría que desde la misma empresa iban y sacaban una foto o le mandaban un correo electrónico al tipo de la empresa desde el barco que se hundió y le decían aquí está todo controlado, no se preocupe, tenemos todo controlado”, asegura, categórico, el lonko.
Agrega que, “por eso hicimos la denuncia, porque quieren que todo pase desapercibido, que aquí está todo normal. Y no es la primera vez, antiguamente se hundió un “pontón” (o barco salmonero) de Aquachile, se fue a 50 metros profundidad lleno de petróleo y alimentos de salmón, y nadie dijo nada”.

La embarcación Vali, al chocar con el roquerío, rompieron el casco y tiene una ruptura como de 3 metros, y su carga de combustible sería de más de 100 toneladas de puro petróleo para el motor del barco, dicen los denunciantes. En la imagen se observa el posible derrame del combustible emanando de la nave varada.
Fiscalización online o en transporte pagado por las empresas
Justamente, la fiscalización en la zona austral de las actividades de extracción de productos del mar, así como de las acuícolas, no solo se dificulta por la falta de personal dedicado a esas tareas, sino aún más porque no hay recursos propios, como para movilizarse.
“En Sernapesca no tienen bote. Así que es bien raro que los encargados de fiscalizar la pesca ilegal no tienen cómo hacerlo. Es otra tontera más. Así hacen las leyes, y permiten favorecer a la gran industria, para que no los persigan. Si no le compramos botes a los fiscalizadores, entonces los fiscalizan por internet, por correo electrónico. El jefe de la salmonera dice, está todo ordenado acá, está todo limpio, así que no vengan. Eso no es fiscalizar”, comenta el dirigente.
“Por ejemplo -describe Daniel Caniullán-, una salmonera que está a dos horas de navegación, Sernapesca se comunica con ellos y le dice, mañana vamos a ir a fiscalizarlo, necesitamos que el bote de su empresa nos venga a buscar. Llega el bote de la salmonera, llevan a los fiscalizadores a la salmonera, allá está todo ordenadito, le hacen un cóctel, todos los papeles en regla, todo funcionando bien, Sernapesca le firma las actas de que está todo ok y se va en la misma embarcación de la empresa. Terminó la fiscalización y a los dos días está todo patas para arriba otra vez. Así fiscalizan”.



