En la última sesión de la comisión, realizada en la región del Maule, los senadores asistentes dieron su apoyo a presentar un proyecto de ley que mejore la norma de etiquetado del arroz, con mayores exigencias y obligatoriedad de cumplimiento. Un punto relevante es generar la distinción de manera clara y visible cuando se trata de un producto chileno.
Etiquetado claro, con información sobre procedencia, fecha de producción y de elaboración (envasado) diferenciados, pero sobre todo que se indique cuando es un producto chileno, es lo que insistentemente han pedido los arroceros de la región del Maule y ahora cuentan con el compromiso de la Comisión de Agricultura del Senado para que sea una realidad.
Mario Concha Urra, dirigente arrocero de Parral y presidente de la Asociación Gremial Unicaven, dijo que los senadores presentes “tomaron la idea de legislar el tema del etiquetado. Y eso es harto, ya que incluye también, que ahora no existe, que se diferencie a través de un distintivo, por ejemplo, como la bandera nacional, para que el consumidor tenga una referencia que ese producto es chileno”.
Ese es uno de los acuerdos concretos logrados tras mesas de conversación con diversos actores del mundo agrícola, que fueron convocados a presentar sus inquietudes ante los parlamentarios en terreno, ya que hasta Talca llegaron las senadoras Alejandra Sepúlveda (presidenta de esta comisión), Beatriz Sánchez (quien no es de esta comisión pero organizó y coordinó este encuentro en el Maule), los senadores Ignacio Urrutia y Cristian Vial, así como representantes de los otros miembros de esta comisión.
“Nos hemos comprometido en presentar una moción parlamentaria, que vamos a trabajar en conjunto con los arroceros y los equipos parlamentarios. De la misma forma como lo hicimos en su minuto, por ejemplo, con el etiquetado de la leche nacional que no es reconstituida y que fue una petición que nos hicieron los lecheros en la zona sur. Así que con mucho gusto trabajaremos en esto en conjunto las distintas alternativas que tienen frente al etiquetado los arroceros, que ya han trabajado en esta materia”, manifestó la senadora Alejandra Sepúlveda.
Por su parte, la senadora Beatriz Sánchez planteó que, en materia de ley, algo en lo que se puede avanzar es, justamente, en tener un etiquetado que muestre que el arroz es chileno. “¿Por qué es importante? Porque el arroz chileno es de muchísima mejor calidad, porque además el arroz chileno tiene menos agroquímicos. es muchísimo más natural y porque no sabemos cuál es la trazabilidad del arroz que viene de afuera. ¿Cuándo se cosechó? Pueden ser de cosechas de hace uno o dos años. No sabemos cuántos agroquímicos o pesticidas se han ocupado en su producción y muchas veces no tenemos clara cuál es su procedencia”.

Los datos que deben estar
Los arroceros recordaron que “anteriormente se había conseguido que se especificara la denominación de la variedad largo-ancho como determinación de variedad chilena, que se diferencia con el arroz importado, y la determinación de origen, pero lamentablemente esa la colocan en cualquier lado donde va el cosido del paquete, por lo que habría que mejorar el tema, por ejemplo, para ver la procedencia”, dijo Mario Concha, para que la información en el empaquetado sea distinguible y legible.
Adicionalmente, piden que se disponga de la fecha de producción, porque ahora salen solo las fechas de elaboración. Y es importante, según recalcan los arroceros, “porque el arroz importado, generalmente, son cosechas de una, dos o tres temporadas para atrás. Entonces, de acuerdo con las condiciones, esa es la calidad que puede tener. Y al final que el consumidor tenga la mayor cantidad de información al momento de decidir su compra, preferir u optar por uno o por otro producto”, explicó el dirigente parralino.
Pero también requieren incluir el que no se puedan revolver los arroces, es decir, no mezclar el importado con el nacional, como se denunció hace unos meses que estaría ocurriendo con los excedentes de arroz que importaron las grandes empresas, razón por la que hubo problemas en la venta del arroz cosechado este año, porque había sobre stock del comprado en el exterior.
Situación actual del sector arrocero
De acuerdo con los antecedentes entregados por las organizaciones, al 18 de agosto de 2026 la superficie estimada del sector arrocero es de aproximadamente 21 000 hectáreas, con un rendimiento promedio de 68 quintales por hectárea, e indican que los productores enfrentan altos costos productivos y que existe un sobre stock de arroz en el Cono Sur.
De acuerdo con su diagnóstico, esta situación permite el ingreso a Chile de arroz importado a bajo precio y representa aproximadamente el 70% del consumo en el país, y las organizaciones sostienen que esta situación influye en el precio pagado al productor nacional y afecta la rentabilidad de la actividad.
Por ello, aparte de la implementación de un etiquetado para el arroz nacional, entre otras otras medidas propuestas están el desarrollar acciones de promoción del arroz nacional, actualizar las normas de calidad aplicables al arroz nacional e importado, analizar el costo equivalente de importación del arroz paddy largo fino, fortalecer la protección de la agricultura familiar campesina mediante INDAP, y mejorar el acceso a créditos, que hoy se ha tornado en una dificultad mayor para los agricultores en general.
Sin embargo, hay otras dificultades que enfrentan los agricultores en la zona (y en el resto del país), como son los altos costos productivos, especialmente en fertilizantes, petróleo, preparación de suelo, riego y cosecha, y la tendencia a la baja en el precio del arroz, sin relación con los costos de producción que han ido incrementándose en el último año a consecuencia de las guerras y el cierre del Estrecho de Ormuz.
Otro punto que relevaron los arroceros del Maule es la escasez e ineficiencias en la distribución del agua, particularmente en la zona de influencia del Embalse Digua, incertidumbre y desfase en la ejecución del programa Sistema de Incentivos para la Sustentabilidad Agroambiental de los Suelos Agropecuarios (SIRSD-S, que es un subsidio estatal), y el riesgo de abandono del cultivo por parte de pequeños y medianos productores ante el escenario de encarecimiento de los productos necesarios para sembrar y cosechar.
Y esto no solo se traduce en problemas para los agricultores, ya que los impactos identificados son la pérdida de rentabilidad, la reducción de la superficie cultivada, la pérdida de recursos de los agricultores, el riesgo para la continuidad del cultivo, pero finalmente todo llega a un riesgo mayor: la seguridad alimentaria nacional.

Mujeres y juventud en el agro
Desde el campo maulino, representantes de mujeres y jóvenes que componen el quehacer agrícola en la región también describieron las problemáticas más importantes identificadas para su actividad.
De acuerdo con los antecedentes entregados por Juventudes Agrícolas y Rurales de INDAP, que constituyen una articulación nacional de jóvenes agricultores con presencia en las 16 regiones del país, en la Región del Maule 1846 jóvenes han sido atendidos por este servicio, y el principal desafío, según plantearon ante la comisión, es el relevo generacional de la agricultura chilena.
Entre las barreras señaladas para el desarrollo y permanencia de las nuevas generaciones en el mundo rural se encuentran el acceso a la tierra, a disponibilidad de agua, a financiamiento, a mercados y canales de comercialización, además de la necesidad de asistencia técnica, incorporación de innovación y nuevas tecnologías, conectividad, todo ello en busca de mejorar las condiciones de vida en los sectores rurales, y la generación de oportunidades para la permanencia de los jóvenes en sus territorios.



