El alza del arancel de Estados Unidos y la respuesta de su embajador es algo que los productores del agro chileno dicen conocer. Un informe de ODEPA en 2019 mostraba distorsiones, pero el entonces ministro Antonio Walker, hoy presidente de la SNA, no lo consideró, denuncian los agricultores.
Duro ha golpeado el arancel de 12,5% que, a partir del 24 de julio, Estados Unidos comenzó a aplicar a 60 países incluido el nuestro, afectando al 40% de las exportaciones que Chile hace al país del norte. Los reclamos de las autoridades nacionales no tuvieron buena acogida y la respuesta desde Washington, recibida a través del embajador Brandon Judd, no fue la esperada, calificando los cuestionamientos como “comentarios provocativos”, y advirtiendo que “una retórica como esta no ayuda a Chile”.
El presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) y exministro, Antonio Walker, señaló en una entrevista en El Líbero que “nuestro profesor de libre mercado y de la libre competencia no se está portando bien con Chile”, ya que este aumento de arancel castiga a las exportaciones agrícolas.
Desde Agricultores Unidos AG dicen conocer muy bien esta actitud generada tras el alza arbitraria de Estados Unidos del arancel. “El país planteó una injusticia y el poderoso respondió encogiéndose de hombros. Le hicieron sentir al país entero algo que en el campo conocemos hace años, que es cuando se reclama ante un poder que fija las condiciones y se encoge de hombros”, dicen.
“Como gremio conocemos esa sensación -agregan-, es la misma que ha sentido por años el productor de trigo de Traiguén que viajaba a Santiago a explicar que el precio no le pagaba los costos, y que volvía al sur con la misma respuesta: que reclamar no ayuda, que no es el momento, que es tema de otros. Con una diferencia, él no la escuchó de un embajador extranjero, la escuchó en las oficinas de su propio Estado, en el Ministerio de Agricultura, que entre 2018 y 2021 condujo el propio Antonio Walker”, señala Camilo Guzmán, presidente de la asociación gremial.
Por eso, explica, “lo que nos molestó no es que Walker reclame por el arancel. Está en su derecho, y esa pelea la tendrán que dar los que negocian. Pero seamos claros, aquí cada uno tira el agua para su molino. Walker habla por la agricultura grande, la que exporta y pelea su góndola en Estados Unidos. ¿Y el resto del campo qué? Cuando el portazo lo recibía el que siembra trigo o el que entrega leche, esa misma indignación no se escuchó”.
“Cuando a Chile llegaba producto distorsionado de verdad en su origen, es decir, subsidiado por otros gobiernos, producido con daño ambiental, algunos hasta con denuncias públicas de trabajo forzoso, Antonio (Walker) nunca reclamó. Y ojo, esa información era pública, y las herramientas para neutralizar esas distorsiones existían y aún existen. Entonces uno se pregunta, con todo respeto, qué se hacía todo el día en ese ministerio”, añade Guzmán.

Reunión de Chile y Estados Unidos en medio del alza de arancel por parte de la administración de Donald Trump.
El informe que se guardó
En enero de 2019, en plena gestión de Antonio Walker como secretario de Estado, la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA) del Ministerio de Agricultura publicó un informe que documentaba la distorsión con precisión, indicando que desde 2013 el precio del trigo había caído 22,6% y el de la harina había subido 4,5%. La relación histórica entre ambos se quebró, y el traspaso de precio del grano a la harina se redujo en 81%.
En palabras simples, al productor le pagaban cada vez menos por el trigo y al ciudadano no le bajaban ni un peso por el pan, y la plata quedaba en el camino, en una molienda donde diez empresas concentran más de la mitad de la producción. Ese informe lo publicó el propio Ministerio de Agricultura y quedó guardado en el fondo de un cajón, ya que no generó reacción alguna, ni agenda, ni proyecto, ni una citación a las instituciones de libre competencia.
“Así que cuando ahora el embajador americano le contesta que reclamar no ayuda, que es tema de otros, esa respuesta nosotros nos la sabemos de memoria. Es la que escuchó toda la vida el agricultor de Traiguén. La diferencia es que a él se la daba su propio Estado”, dice Camilo Guzmán.
Según el dirigente, “el libre mercado que hoy se reclama en la frontera, no se defendió en la casa cuando el diagnóstico estaba firmado y sobre el escritorio. La distorsión de afuera indigna; la de adentro, al parecer, se administra. Y mientras discutimos la góndola de afuera, hay un veredicto más grave que ya se dictó aquí adentro”.
“El punto es que un arancel de otro gobierno y un comprador único en la propia cadena son la misma cosa: alguien con poder fijando condiciones que el mercado no fijó. Quien defiende el libre mercado, lo defiende de los dos. Lo demás no es defensa del mercado, sino del propio metro cuadrado de góndola”, concluye el dirigente.

El juicio de la banca
“La banca chilena dejó de creer en la producción agrícola”, aseguran desde Agricultores Unidos AG, aseveración basada en la observación de los datos que los propios bancos reportan al regulador.
“El crédito al sector silvoagropecuario está hoy en el mismo nivel que tenía en agosto de 2012. Catorce años de crecimiento, borrados. Y no es que falte plata, pero de cada 100 UF nuevas que la banca prestó desde 2012, 64 fueron a hipotecas, 27 al negocio financiero e inmobiliario, tres a consumo y apenas seis a toda la economía que produce”, afirman.
Un dato poco conocido, pero muy elocuente en este sentido, es lo que sucedió con Rabobank, el banco cooperativo creado por agricultores holandeses y especialista mundial en agro, que se fue de Chile en 2017 como banca, sino que hoy actúa en el país como entidad financiera no bancaria dedicada a dar servicios especializados a la cadena agroalimentaria, pero no atiende agricultores normales, solo agroindustria.
“¿Por qué un banco le cierra la puerta a un sector que exporta 13 500 millones de dólares? Porque el banco no evalúa el esfuerzo, evalúa el margen. Un productor que enfrenta a un comprador único no controla su precio; y quien no controla su precio no puede prometerle un flujo a ningún banco. La asimetría de la cadena lo deja fuera del crédito, por muy sanas que sean sus cuentas”, explica Camilo Guzmán.
Nivelar la cancha
Desde el gremio insisten en que el sector no pide subsidios, sino que el mercado funcione, con una competencia real en la compra, con precios que se formen con transparencia y no en la oficina de un comprador único, e instituciones de libre competencia actuando a tiempo.
“Donde hay competencia hay margen, y donde hay margen, la banca vuelve sola. Por eso, la mejor respuesta al portazo de afuera es dejar de dar los mismos portazos adentro. Que ningún productor vuelva a salir de una oficina pública con la sensación que hoy tiene Chile frente a Washington. En Traiguén la conocen hace años”, aseguran desde Agricultores Unidos AG.
“No nos alegra nada lo que le está pasando a Chile. Pedimos una sola vara, la misma preocupación que hoy despierta el arancel, para la cancha torcida de aquí adentro. El banco no le presta al campo, y no porque el campo sea mal pagador, es que cuando los compradores se comportan como si fueran uno solo, el negocio no da. Nivelen la cancha y van a ver que la plata vuelve sola, sin que nadie la empuje”, concluye el presidente de Agricultores Unidos AG.



